Muerte del sistema solar
La muerte de un sistema solar depende del
tamaño de su estrella. El Sol es una estrella mediana, clasificada como enana
amarilla de tipo G, muy frecuentes en nuestra galaxia. Es demasiado pequeña
para convertirse en una gran supernova y estallar. En vez de eso, se desgastará
poco a poco. Primero se convertirá en una gigante roja y finalmente se agotará
como una débil enana blanca.
Dentro de 5.000 millones de años, el Sol
habrá consumido todo el combustible de su núcleo, el hidrógeno. Entonces,
comenzará a fusionar helio. Se hará cada vez más grande y se volverá rojo. Su
tamaño será diez veces el que tiene hoy, y ocupará todo el cielo... y más.
Se tragará a todos los planetas del
Sistema Solar interior: Mercurio, Venus, la Tierra y tal vez Marte. El resto de
planetas se achicharrarán por el calor y la intensa radiación. La fase de
gigante roja durará millones de años.
Cuando el helio también se agote,
fusionará carbono por algún tiempo. Pero cuando ya no quede combustible para
más fusiones nucleares, la gravedad de su núcleo hará que se encoja. Toda la
masa del Sol quedará aplastada en su núcleo y se convertirá en una enana
blanca.
Para entonces apenas quedará ya nada del
Sistema Solar, pues la radiación habrá acabado con todo.
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